Castillos de chocolate | Bélgica

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Con las fotos panorámicas, sin darme cuenta, puedo decapitar a más de uno. Igual me gusta (risa macabra). 
 

Estábamos sentadas en un banco, brindando con chocolate (sí, a ese nivel). Siempre hay algo por qué brindar, y más acá, ahora. Y de repente, apareció Tom. No, mentira, me corrijo: me acerqué a un viejo que estaba caminando y le pedí indicaciones para encontrar la estación, en Bruselas. Entonces, Tom, un pensionado, nos dijo en un inglés que poseía destellos de sus vivencias en Nueva York y con los retorcijones propios de haber nacido en Polonia- en síntesis, un inglés claro y simpático- que nos acompañaría en nuestro recorrido. No quiero hacer la traducción literal porque entonces perdería su encanto, pero nos dijo que él estaba realizando su caminata diaria sin rumbo alguno, y que le sería un placer acompañarnos. No solo nos hizo de guía turística, regalándonos datos y opiniones de todo tipo (olvídense de los reyes, Bélgica está gobernada por la Unión Europea), sino que también se ofreció en llevar nuestras cosas, hizo de fotógrafo y de alguna manera, nos compartió su filosofía. La próxima vez que vea a un turista perdido en Buenos Aires o quizás en París, estoy segura que me empujará otra motivación.   Nos contó de que estuvo en Nicaragua porque de allí era la esposa de un amigo suyo, y que ese fue su único contacto con América Latina. Le preguntamos por Buenos Aires, y no, dijo que ya no puede, pero que gracias a la magia de Google Maps, hoy todo es posible.Genio.

Qué linda sorpresa encontrarse con gente así, ¿no?

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Bruselas fue la primera parada. Mucha gente nos dijo que no valía la pena, pero para mí, eso es un error. Igual, estando acá, veo cómo es tan subjetivo hacer juicios de los lugares. Lo que en mis ojos es increíble, para otro puede ser medio pelo. Será porque cargamos con diferentes expectativas, experiencias y por ello, cada ciudad nos marca de un modo distinto (por suerte). A veces es mejor no escuchar las opiniones del otro y seguir el propio instinto; nunca sabemos a dónde nos puede llevar. Y acá, aprendí que todo es anecdótico.

Chocolaterías por todos lados (ahí morí y volví a resucitar). Todo denota el afán por atraer al turista, pero bueno, no los culpo. Y si bien es verdad que en un par de horas uno ve casi todo, la plaza central de Bruselas me impactó, incluso más que la de Brujas, que es más elogiada. Tom nos llevó al Warandepark, el parque real, y nos hizo dar una vuelta cerca del palacio, mostrándonos también un museo de música y una plaza desde donde se podía ver una vista digna de foto de turista sudaca.

Podría decir que de dos días, me pasé un cuarto de ellos en diferentes estaciones de tren y bondi. Cómo me gusta viajar en tren, pero eso es otro tema. Hasta el final, tuvimos el desconcierto de no entender en qué idioma hablaban en Bélgica. Al parecer, en el sur hablan en francés y en el norte, parte de Flandes, hablan en holandés (alto dato curioso). Ahí existe el típico partido político que quiere separarse porque el norte es mucho más exitoso económicamente.

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Esa noche llegamos a Brujas- Brugge- Bruges, elijan. Quizás no sea tan real, o tan desafiante… y la verdad es que no lo es. Pero nunca estuve en un lugar así, literalmente sacado de un cuento de hadas, incluso más que Praga.  Brujas te abraza todo el tiempo, te abriga. Y como los cuentos, una vez que se apaga la luz, todo se va a dormir.  En otras palabras menos edulcoradas, no-hay-noche. Llegamos tarde y con suerte encontramos dónde cenar a un precio accesible, porque esa es otra desventaja: al ser totalmente turístico, en todos lados quieren cortarte la cabeza, sin escrúpulos. Pienso en mi mamá cuando digo que Brujas es totalmente “pintoresca”. Es ideal para desenchufarse de todo y descansar, pero con un día, alcanza. Siempre hay tiempo, para todo, para llegar a todos lados. Y nunca falta el tentempié local (un chocolatín, o dos. Tres y cerramos acá).

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El fin de semana terminó en Gent, una total sorpresa. En mi cabeza era un pueblo aún más chico y más medieval que Brujas.  Nada que ver. Es una ciudad universitaria con casi 70 000 estudiantes. Por eso recomiendo hacer base allí y luego ir a Brujas por el día. Tiene el mismo encanto que las otras dos ciudades belgas, pero es más hipster, tiene otra chispa. Y eso que estuvimos ahí un domingo, pero igual tuve la sensación todo el tiempo de que me faltó verla de noche. En Gent no están cansados de los turistas porque no llegan al por mayor; todavía está algo escondida.

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Bélgica= birra x chocolate

Bélgica= un fin de semana de descanso mental

Bélgica, puede que me haya quedado corta.

 

2 comentarios en “Castillos de chocolate | Bélgica

  • Contestar Michi 26/03/2014 at 2:27 pm

    Que locura como de a poquito se va agrandando la lista de la derecha de “Posts desde… ”
    Me sigo babeando con cada uno de sus relatos. Me rutina diaria es leerlas mientras busco fecha y precios de pasajes que no me cuesten la vida!!! las envidio tantooooo

    sigan sigan!!!

  • Contestar Sharon 26/03/2014 at 4:44 pm

    Cloé, te quiero tanto! Te leo mientras me rajo de una clase de economía. Ya mismo me vuelvo que si no me matan!

    (Que suerte que escribiste de Belgica y me estas tirando unos tips muy utiles para cuando vaya! Wija! Vamos Ghent!)

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