Quiero esto… pero me da miedo lo que piensen los demás

¿Cómo hace uno para tener los huevos para seguir con lo que quiere sin importarle lo que los demás digan o piensen? – Cami

Tell me, what else should I have done?
Doesn’t everything die at last, and too soon?
Tell me, what is it you plan to do
with your one wild and precious life?

—Mary Oliver

Antes de empezar a contestar, quiero dejar en claro que a todos nos importa lo que piensan los demás. No hay nadie en el mundo que sea impermeable al qué dirán. A algunos nos importa más, a otros menos…

Somos seres sociales: históricamente hemos vivido en grupos desde hace millones de años. Sacarse de encima el miedo al exilio que tenemos como parte de nuestra genética no sucede de un día a otro.

Lo que me interesa es QUÉ HACER CON ÉL. ¿Dejar que te paralice o actuar a pesar de que exista?

El miedo al pensamiento ajeno tiene muchas raíces. Una es el miedo de ir tras lo que uno quiere y que te vaya mal. Que los demás te vean dártela contra una pared. Que te vean fallar. Lo paradójico es que no lo podemos evitar: siempre vamos a chocarnos contra algo —¡y por suerte!— porque en esos momentos es dónde más se aprende y crece.  Duele, sí, pero todo crecimiento cuesta. Quienes no se chocan muy seguido son quienes no se animan a salir de su seguridad. Y si lo pensamos bien, ¿qué tanto vale esa seguridad entonces? A mí dame el dolor por sobre esa seguridad, siempre.

Otra raíz del miedo al que dirán que sufrimos las mujeres es el miedo a tomar las riendas de nuestra propia vida y no dejar lugar a los comentarios ajenos.

El mundo está mal acostumbrado. Piensa que las mujeres tenemos que ser mansas. Dóciles. Está habituado a que pongamos los deseos de los demás por encima de los nuestros. A que seamos las que primero sacrifican algo por el otro. Lo más duro es que nosotras mismas también estamos acostumbradas a eso.

Por eso es mucho más difícil que una mujer anuncie: “Esto es lo que quiero y voy a ir tras ello”,  a que lo diga un hombre. Porque nosotras mismas tenemos que luchar contra esa inseguridad interna que nos convence de que los deseos ajenos tienen más validez que los nuestros.

¿A vos te pasa, Cami? A mí me pasa. Ahora que escribo esto tengo una rabia tremenda y quiero decir “¡Al carajo todo! Yo hago lo que quiero, ¡a mí nadie me frena!” pero la mayor parte de las veces yo también dudo: ¿Está bien que yo haga o quiera esto?

No es fácil romper la estructura social, pero por suerte cada vez hay más mujeres que declaran sus propios sueños y su coraje se esparce como por osmosis. Lo mejor que podemos hacer como mujeres para animar a otras es anunciar nuestros sueños en voz alta e ir tras ellos, sin tregua y sin perdón.

Todo bien con las explicaciones… pero ¿qué consejos prácticos pueden ayudar cuando nos paraliza el miedo?

Me gustaría que pienses en la siguiente pregunta.

¿Quiénes son esos “demás”?

¿Tu mamá? ¿Tu papá? ¿Tu jefe, tus amigos, tus seguidores? Tomate un tiempo para pensar en quiénes son esos “demás” que mencionaste en tu pregunta e identificalos. Quiero que esos “demás” dejen de ser una masa anónima y que tengan nombre y apellido. ¿Quiénes son esas personas que tienen un peso tan grande como para que su opinión impida lo que vos querés hacer?

Después quiero que pienses en otra:

¿Cuál es el riesgo de hacer lo que querés hacer?

Tu pregunta me hace intuir que ya sabés que es lo que querés. ¡Genial! Eso ya es más de la mitad del proceso.

Cuando digo “riesgo” me refiero a cuáles son las consecuencias negativas de las elecciones que tomarías para ir en la dirección de tus sueños. ¿Querés ser paracaidista y por lo tanto los riesgos son reales? En ese caso, estaría bueno que hables con las personas que quieras cuyas opiniones te impiden dar los pasos para ser paracaidista y explícales por qué es tan importante para vos, que ya sabés cuáles son los riesgos y que existen muchísimas medidas que los controlan y disminuyen.

Sin embargo, muchas veces el riesgo es simplemente el de sufrir el “qué dirán”. Salirse del statu quo cuesta horrores porque por inercia seguimos la conducta establecida como normal. Somos animales sociales, no te olvides. Queremos ser parte de un grupo. Queremos sentirnos queridos. Sabemos que el peor castigo es el exilio.

Pero cuando tu felicidad individual y tus aspiraciones están en juego por eso —cuando tu vida está condicionada al ojo ajeno— entonces el problema es que vas a sentir que algo te falta durante toda la vida. El riesgo a largo plazo de no animarte tiene consecuencias muchísimo peores que las que podría tener el “qué dirán”. ¿Estás dispuesta a vivir con eso?

Te escribo esto a vos, Cami, y me lo escribo a mí también. Me doy cuenta de que siempre que siento este miedo más agudo es porque estuve mirando demasiado alguna pantalla. Mis consejos son:

1. Despegate del celular

No lo lleves al baño. Cargalo en la otra punta del cuarto a la noche, o mejor, afuera. Apenas te despiertes, aguantá la ansiedad: lavate los dientes, la cara, mírate al espejo, hacé un esfuerzo por recordar qué soñaste, agradecé que te fue regalado el milagro de un nuevo día. Dejá que esa sensación te infle.

Recién después te doy permiso para agarrar el celular.

La mañana trae esperanza y esa esperanza se pulveriza si lo primero que hacés es mirar el celular e invitar a todas esas inseguridades y personas a tu cama.

2. Sé disciplinada con las redes sociales

Por suerte vivimos en un mundo donde estamos todos conectados. Las oportunidades que nos da son algo que no podemos dimensionar todavía. Sin embargo, las redes pueden ser también extremadamente tóxicas y convencerte de que nada de lo que hacés es suficiente — o peor, de que VOS no sos suficiente.

La clave es desarrollar la propia disciplina y usar las pantallas de forma más consciente. Sé vos la que usa tu celular, y no viceversa. Eso quiere decir:

  • Dejá de seguir a quienes te hacen sentir insegura o incapaz o insuficiente. Si eso significa dejar de seguir a tu mejor amiga, ¡dejá de seguirla! Tal vez ella no lo sepa o no lo haga de forma consciente. No me importa. No quiero que nada en tu celular te haga sentir inadecuada.
  • Buscá a esas personas que tengan tu mismo sueño. Seguilos. Escribiles. Establecé contacto. Proponé proyectos. Hace lo posible por rodearte de personas que aspiren igual de grande que vos.
  • Usá las redes para esparcir entusiasmo, links útiles, inspiración. Ya hay demasiado ruido. Traé luz.
  • Recordá que es una práctica diaria y que lleva tiempo. Muchos pasitos en vez de un único salto gigante.

El mundo es GIGANTE y hay personas de todos los colores y personalidades para todos los gustos. Internet nos salva en ese sentido. Asegurate de encontrar a esos que tengan los mismos valores que vos y que quieran crecer en la misma dirección. Es en ellos en quienes tenes que pensar cuando el “qué dirán” te paraliza. Lo más probable es que te  pidan lo mismo que te pido yo ahora: por favor, seguí. Seguí porque verte a vos y ver a otras mujeres seguir me inspira, me motiva, me da fuerzas para seguir en dirección de mi sueño. Seguí porque lo necesito. Seguí porque lo necesitamos todas.

Y por último…

3. No te olvides de que solo tenés una vida.

Una vez que pasa, pasa. No se puede volver atrás.

El pánico a quedar mal, a parecer rara, a que te vean equivocarte: lo sentimos todos. Nadie disfruta de ser objeto de burla. Pero en caso de que sí sucediera… ¿son tan realmente graves esos juicios ajenos? ¿Tan extremadamente graves que enterrar tus sueños es una mejor alternativa? ¿Tan poderosos que te impiden descubrir el potencial de tu “preciosa, salvaje y única vida”?

Seguí.

Las voces negativas no te van a abandonar: vienen con el combo de ser un ser humano. Pero hay que acostumbrarse a convivir con ellas y poco a poco se va haciendo más fácil. Cuando las voces se queden sin aire, bajá las ventanas del auto, sentí el viento en la cara, subí el volumen de la radio y seguí. Tu valentía es contagiosa.

*

Más info:

Todo lo que hace Brené Brown. Brené es una investigadora social y experta en vulnerabilidad. Sus estudios demuestran una y otra vez que la vulnerabilidad es necesaria para tener una vida de coraje, felicidad y sentido. En su libro Más Fuerte que Nunca (Rising Strong en inglés) explica que si animarse a ser vulnerable requiere estar dispuesto a chocártela. El libro intenta aprender cómo es que uno sobrevive esas caídas.

Los videos de Gary Vaynerchuck. Gary Vee es un emprendedor y mi motivador número uno. Sus videos están llenos de joyitas pero una de las cosas más importantes que repite siempre es que solo hay una vida y que lo único que te frena es lo que piensen los demás.

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