Despedida (5) El post más difícil de escribir

 

Clo:

Modern Love

Empecé a escribir este cuento en el colectivo, cuando iba al trabajo. Y lo fui alimentando de a poco; solo si tenía ganas y si me parecía que las oraciones iban cayendo de forma natural. Había puesto aleatoriamente algunos disparadores, como “humo, una canción de los Beatles” y así lo fui amasando. No me costó escribirlo, al contrario, aunque sí me llevó mucho tiempo. Nunca durmió tanto un texto en la carpetita de borradores.

No lo empecé sabiendo qué quería decir. Nació como un ejercicio para escribir un poco todos los días. Pero el desafío apareció cuando me di cuenta por dónde venía la mano…

Se ve que este entramado de palabras de alguna forma tenía que salir de mí.

Se ve que este cuento era algo que tenía pendiente, conmigo misma.

Se ve que tenía que ser mi último post antes de empezar a despedirme.

Y así lo fue.

Gracias Mich Borgstrom por el collage que hizo para el cuento.

Fue difícil porque fue intenso. Moví muchas cosas, no solo cuando lo fui encauzando, sino también cuando lo terminé y cuando lo compartí. Pensé… ¿me estoy exponiendo mucho? ¿Me da vergüenza? ¿Lo publico solo desde el FB de Postales o lo hago desde el mío también, firmándolo claramente con mi nombre y apellido?

Y después pensé… ¿vergüenza de qué? ¿Vergüenza por qué? Me sentí valiente, orgullosa, y eso es mío. No me quiero imaginar lo gigante que se debe haber sentido Nora Ephron cuando publicó Heartburn

Otoño en Siena. Reflexiones sobre el tiempo y la muerte

Sharon:

El tiempo también pasa cuando es otoño en Siena

Este post no fue difícil de escribir, porque fluyó. Pero tuvo que pasar más de un año para que eso pudiese pasar.

¿Por qué fue difícil escribirlo? Les cuento mis pensamientos porque son preguntas que están activas aún, a pesar de que escribí este texto hace tiempo. Compartirlas me da un poco de vértigo pero vale la pena:

Quiero estar segura de que cuando comparto algo es porque hay una razón valiosa detrás que lo sostiene. No quiero compartir solo para revelar y sacudir mis intimidades y las de otros por el mero hecho de… hacerlo.

En este post hablo sobre mi mejor amigo, Tom, que murió de leucemia hace dos de años.

¿Por qué fue difícil de escribir? Porque hablar de los muertos implica una responsabilidad monstruosa. Significa poner en palabras cosas sobre ellos que no pueden refutar. Tus palabras contra… el silencio. ¿Tengo derecho a romper ese silencio? 

Yo creo que sí, pero estoy todavía aprendiéndolo con el resto del cuerpo y no solo con la cabeza. Lleva tiempo.

Quiero hablar de Tom y contarle al mundo de su magia. El mundo se lo merece. Él se lo merece. Merece que se sepa quién fue y cómo fueron los 22 años en los que las plantas de sus pies pisaron la Tierra.

Otoño en Siena. Reflexiones sobre el tiempo y la muerte

Pero quise contar de él sin contar de mí. Quería describirlo objetivamente, sin ninguna opinión ni interpretación mía, pero nunca voy a poder hacerlo. Nunca voy a poder recrearlo así, entero, por sí mismo. Ni siquiera si pudiera conseguir que todas las personas que tuvieron contacto con él me ayudaran. Al final, lo que quedaría sería solo una maqueta de arcilla con un interior vacío y faltaría lo más importante… él. No somos dioses.

¿Qué derecho tengo de hablar de él, por él, cuando él no puede? ¿Qué si cuento algo de la forma más objetiva posible y no dejo de contaminarlo? No puedo contar de él sin contar de mí porque no lo conozco a él sin mí. Todo Tom está pasado por mi filtro y experiencia. ¿Sigue siendo fiel esa descripción si está manchada con mi forma de interpretar el mundo?

Necesito que pase más tiempo. No es una cuestión mía de “escribir para purgar/sanar” sino de entender la responsabilidad enorme de contar sobre alguien cuando ese alguien no puede hablar por sí mismo.

No siempre se llega a una respuesta, pero creo que vale la pena al menos darse el espacio para hacerse estas preguntas.

¿A alguien más le pasó, pensó o sintió algo parecido?

Este post es el 5/8 de la serie de Despedida.

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