Ganó la vida | A 100 años del genocidio armenio

Cien años y catorce mil kilómetros me separaban de un genocidio que por tanto tiempo sentí ajeno.

Será porque pensaba que ser armenia era una parte minúscula de mi identidad. Cuán equivocada estaba.

Porque va más allá de lo que comemos, las cejas tupidas y los apellidos difíciles plagados de consonantes amontonadas. Es un sello que marca a cada familia y se transmite en las manchas de los manteles de los almuerzos domingueros que rebalsan de platos. Es preocuparse de más por el otro y sentir ese impulso incontrolable que te obliga a querer opinar, aunque no te hayan pedido un consejo. Es reír tan fuerte que forzás a todos los cuellos que están alrededor a que te busquen. Es sentirte en casa con cualquier armenio que te encuentres desparramado por el mundo, porque hay hábitos que perduran más allá de las fronteras. Y principalmente es elegir que nos defina la vida antes que la muerte.

La foto es de Liniers

La foto es de Liniers

Hace cien años el Imperio otomano fue responsable de la muerte de más de un millón y medio de personas. Personas que eran abuelos, hijos, parejas, padres, amigos, el panadero de la esquina o el dueño del diario que leías. Uno olvida tan seguido todo eso porque se deja seducir por las cifras grandes. Hace cien años mataron a tantas personas, cada una de ellas con sueños, miedos, anhelos, virtudes, afectos y defectos. ¿Cómo hacen para barrer todo eso, como si fuesen polvo debajo de una alfombra? ¿Cómo se puede manipular tan descaradamente la historia? ¿Cómo podés mentirle, gritarle a los ojos a personas a las que les arrancaron seres queridos? ¿Cómo se puede justificar que hayan más armenios desperdigados por el mundo que viviendo en su país natal?

Todo menos olvidar. Todo menos bajar la cabeza y cerrar los ojos, porque hacer eso es permitir que algo así vuelva a pasar. Y que nunca nos importe.

Soy ARGENTINA, y soy ARMENIA. No sé cuál pesa más, tampoco importa. Ambas fluyen juntas por mis venas, y son parte de la alquimia que me hace. No nací sabiendo esto: lo fui asimilando de a poco, y por eso fue tan importante haber ido a Turquía el año pasado.

Soy parte de una comunidad unida por millones de manos invisibles que volvió a florecer de las cenizas demostrando que, como bien dice una frase célebre, no hay mejor fórmula que dejar que tus logros sean tu sonido. Y hoy, más allá de premios, carreras exitosas y reconocimientos internacionales, lo que más repercute, lo que realmente hace temblar, es el lazo que se formó entre todos. Probablemente esté generalizando porque es imposible adivinar qué siente cada uno, pero al menos así lo veo yo. Así lo sentí hoy.

Recién vuelvo de la marcha que se hizo desde la Facultad de Derecho de la UBA hasta la embajada turca. Porque entre 1915 y 1923, perpetraron el primer genocidio del S.XX que aún no reconocen. Volví con muchas ideas en la cabeza, como bichos que vuelan desconsoladamente alrededor a una lámpara. Me sorprende, me conmueve ver a tanta gente reunida que comparte conmigo un mismo origen. Me gusta que lo muestren, que lo griten; quizás porque es algo que a mí me cuesta un poco hacer. Mis ojos se cierran y sonríen, se estrujen cuando escucho a una mamá hablándole a su hija en armenio, o a un nieto que tiene la bandera colgada como si fuese una capa de un superhéroe, llamando a su metsma, su abuela. Yo nunca llamé a las mías así, pero y qué.

Cada año, los argentinos armenios o armenios argentinos (como a vos más te guste) marchamos, porque buscamos devolver con la vida y con el respeto lo que obligaron a tantas familias a hacer hace cien años, cuando se desvanecieron ante la violencia del desierto, o más bien, del ser humano. Me molestó que entre banderas armenias flamearan otras ideológicas, porque este no tenía que ser un acto político, sino una marcha silenciosa. Pero fue tanta, tantísima gente, y cuando llegamos había música, que para cualquiera podría ser como las típicas canciones judías o griegas que tenemos grabadas en nuestras cabezas por las películas. Pero no, era música armenia, y sí, te hacía bailar igual.

Cien años y catorce mil kilómetros. Todo eso se convierte en polvo cuando uno lo lleva adentro y decide convertirlo en luz, en sueños por cumplir. En vida.

De silenciosa tuvo poco.

De silenciosa tuvo poco.

 


6 comentarios en “Ganó la vida | A 100 años del genocidio armenio

  • Contestar michi 30/04/2015 at 8:14 am

    Una vez mas… Clap clap clap

  • Contestar claudia akian 30/04/2015 at 8:34 am

    Chloe, me emocionaste!!

  • Contestar Gabriel 30/04/2015 at 1:23 pm

    Excelente la publicación. Es emocionante. Nuevamente volvimos a alzar nuestras voces al cielo por el millón y medio de armenio que fueron asesinados. Y por el otro medio millón que fueron obligados A abandonar sus tierras.
    No comprarlo lo de las banderas ideológicas, cada agrupación que moviliza tiene que identificarse. Como así agrupaciones políticas que marcharon el martes junto a nosotros y que no eran armenios. Así y todo dijeron presente por la lucha de una causa, de un pueblo y por los derechos humanos.
    Saludos

  • Contestar Arthur Max 09/05/2015 at 6:54 pm

    Me ha llegado muy al fondo tu mensaje. De todo lo que vi y lei en la semana del
    100º aniversario, esto es lo mas auténtico, claro y directo. Un estilo de redacción
    especial….me encantó las descripción de los armenios y sus reuniones familiares y apellidos.
    Te pregunto: por que no escribes un libro con todas estas experiencias aprovechando esa capacidad temenda que tienes para describir situaciones y sentimientos?
    Soy un argentino-armenio que vive en Brasil hace mas de 30 años…me gusta la emoción e
    intensidad que Uds ponen cuando se trata de Armenidad….muchas veces he tenido la duda aqui
    viviendo en Brasil : al final que soy ? Leer tu mensaje para mi es reduscubrir quien soy.
    Tenemos algunas prefencias similares al uruayo mario Benedetti lo lei hace mucho…me encantaba.
    Bastardos sin gloria tiene varios matices interesantísimos..especialmente la actuación magistral de Chistophe Waltz.La escena del encuentro en un café con Melanie Laurent… cuando apaga el cigarrilllo el apfelstudel es increible…toda la película buenísima..Bueno te mando un gran abrazo
    Arthur

    • Contestar Cloé Karagozlu 17/05/2015 at 9:29 pm

      Hola! Me emocionó mucho tu mensaje, y agradezco todas tus palabras. Quién sabe, quizás en algún futuro publicamos un libro, sería una bendición. Mucha suerte y gracias por compartir lo que sentiste al leer el post.

  • Contestar celia 12/05/2015 at 12:19 pm

    megustó y lo he compartido en facebook… en general casi todo lo que expresas.
    digo casi .. porque no comprendo tu molestia por banderas que identifican a las personas con su lucha desde donde consideran FUNDAMENTAL y lo expresan y se suman a la marcha
    SUMAR voluntades y acciones NUNCA ES DIVIDIR cosa que SI lo es LIMITAR
    para mi que estoy lejos de la CABA fue un orgullo que los Armenios se juntaran y cada cual con su identidad cultural ideologica politica fueran en pos de un mismo objetivo y si hubieran acompañado argentinos que no son armenios con sus banderas MEJOR!!!
    LA IDEOLOGIA, LA POLITICA ES DONDE SE DISCUTE LA CUESTION ARMENIA!!!
    no basta con preservar la tradición, la lengua, la religion,la musica et… por mas de 600 años eso hicimos y no logramos la Independencia y luego por 100 años mas eso tambien hemos hecho desde la diaspora y tampoco hemos logrado lo que ansoamos…de modo que bienvenidas las banderas de lucha de los pueblos a la causa Armenia

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