Punzantes son tus palabras, Leila Guerriero

Se rozan dos palabras, separadas tan solo por un suspiro. Se miran pero no se tocan, y eso ya es suficiente para crear una alquimia explosiva.

No todos tienen la capacidad de lograr esto. Pero Leila Guerriero sí. Palabras cotidianas, simples, pero que hilvanadas logran dejarme atónita, porque de ellas se desprende una fuerza que te hace parpadear.

Y todo parece tan natural, tan sencillo; una aparente inocencia puede gritar la más cruda verdad. ¿Realismo  o pesimismo? ¿Y si la realidad no es como quisiéramos? ¿Cómo lo catalogamos?

y la tarde, dentro de mí, se hizo trizas en miles de fragmentos de sangre y hueso y hielo, y vos te acercaste, me quitaste un mechón de la cara, me dijiste “Tan linda”, y yo te miré desconcertada, como un animal encandilado y alerta —¿qué habías visto, qué habías visto?—, y me preguntaste “¿Mejor?”, y yo te dije “Sí”. Y me sentí un monstruo, un animal, un ser lleno de secretos y pájaros oscuros. Porque no era verdad. Porque, a pesar del paseo y las fotos —y el mechón de pelo y tu intento de salvarme de todas las cosas— no era verdad. Porque la gente no salva a la gente: la gente se salva sola. Y no supe si vos lo sabías. 

– “Rota

Soy de las que se dejan cautivar por escritores que te hacen sentir, no importa qué. Es verdad que pareciera que ese verbo – “sentir”, digo – parece devaluado. Por eso aclaro: hablo de esas lecturas que te obligan a bajar el libro y apoyarlo sobre tus piernas, porque necesitás unos segundos para procesar esas palabras que acribillaron tu equilibrio y te hicieron descubrir un nueva perspectiva u otro horizonte. Y automáticamente te sentís obligado a releer una infinidad de veces, porque querés corroborar que sí, lo que entendiste es lo que está impreso y que cuanto más lo leas, más vas a grabártelo. Las oraciones forman una daga que logra atravesarte. Tantas veces no encontramos palabras para descifrar lo que pasa adentro, pero cuando el autor logra convulsionar todo, ya hace magia; la llave aparecerá sola.

La foto es del Twitter del diario El País.

La foto es del Twitter del diario El País.

Como todo lo bueno, la descubrí por casualidad. Leía – en mi casa, en el bondi, en la clase – un libro de crónicas que nos habían recomendado en la universidad (La Argentina crónica, de Maximiliano Tomás). Quizás fue porque el resto de las piezas pasaron como un vaso de agua, pero la de Leila me quemó – la garganta, los ojos, los dedos. Empecé con su crónica sobre el caso Poblete (un lisiado que fue llevado a un centro clandestino de detención durante la dictadura), pero esa curiosidad que brota –  de lo marginal, lo polémico, lo anónimo -, hizo que buscara más, porque ese tipo de narrativa busca justamente eso: mostrar lo que permanece en la oscuridad.

Ella trae a la orilla historias de los relegados, los olvidados, como de la que mató a su hijo o del que vio la gloria y la ruina por medir más de dos metros. Escribió las palabras que los diarios se comieron para avisar que en el Sur, en un pueblo que la mayoría no conoce, hubo una ola de suicidios. Lo hizo porque a nadie le interesó saber por qué. Y callada no podía quedarse.

En mi afán de querer leer más, pedí desde Chile que me trajeran un libro que aún no habían publicado acá: Plano americanouna recopilación de perfiles sobre personajes latinoamericanos. Una noche dormí con Fogwill y Nicanor Parra. La próxima con Lucrecia Martel, Sara Facio, Idea Vilariño, Roberto Arlt. Y la que siguió, con alguno que no recuerdo el nombre. Escribir un perfil implica meterse en la piel del otro, conocer los secretos que no quiere confesar. Implica esconderse detrás de una cortina y que no te vean, que te confundan con una sombra, quizás un poco molesta. Y aún así, poder tomar distancia para escribir, lo mejor que se pueda. Ella lo hizo, con tantas personas, buscando información que alguno procuró convertir en cenizas.

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Todos ellos, atravesados por su pluma.

Escribe a partir de lo real, y aún así, o seguramente por eso, logra conmoverme aún más. Pero ni siquiera la realidad limita hasta dónde pueden llegar las palabras, especialmente cuando estamos dispuestos a jugar con ellas, de la manera más inocente y sincera.

Elegí la no ficción porque a mí la realidad me subyuga.

Leila Guerriero es una periodista argentina, pero también es una de nuestras heroínas. Ella empezó su carrera a principios de los 90 en la revista Página/30. Completamente autodidacta, inició su carrera cuando un verano envío uno de los cuentos que escribía mientras trabajaba en un supermercado a Página 12, diario que en ese entonces pertenecía a Jorge Lanata. Su cuento fue publicado en la contratapa del periódico, y a partir de ahí, no frenó y escribió para revistas como Gatopardo, Rolling Stone, Anfibia, El Malpensante, Orsai y más.

Cada uno es dueño de su propio juicio, así que les dejo algunas lecturas cibernéticas: El rastro en los huesos, una crónica sobre el Equipo Argentino de Antropología Forense que trabajó en la identificación de cuerpos de víctimas de la dictadura militar, y – por si quieren leer cosas más cortas – están sus columnas de opinión en el diario español, El País.

 

2 thoughts on “Punzantes son tus palabras, Leila Guerriero

  • Reply Sharon Borgstrom 05/07/2015 at 6:20 pm

    Leila ♥

  • Reply Su 05/07/2015 at 6:24 pm

    Impecable… al fin una simple alerta en el mail me decía que, contrario a como sucede muchas veces, ahora las caras que había visto en la semana ya tenían sus palabras.

    Me sumo al sentimiento de saber que hay quienes pueden poner en palabras aquellas sensaciones y pensamientos que albergamos en nuestro ser. Ese don para conjugar en simples oraciones el misterio que nos desvela.

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