Quiero ser un editor independiente

títulos de la Editorial Sigilo.

Algunos títulos de la Editorial Sigilo).

No hay una definición clara que las contenga; las editoriales independientes caen en lo gris, lo ambiguo. Hasta pareciera que la palabra “independiente” es el refugio de muchos conceptos que no saben dónde quieren caer (huyendo especialmente del mainstream).

Indescifrables y camaleónicas; ahí está su magia, como también en la gran cantidad de profesiones que entran en juego para sostenerlas. Desde traductores y correctores, hasta encuadernadores e imprenteros. O quizás la magia esté en el hecho de que le dan vida a miles de voces emergentes u olvidadas, o a géneros más volados o desconocidos. No todo tiene que ser bestsellers de vampiros.

Cuatro de cada diez editoriales son emprendimentos que publican entre uno y tres títulos por año, y la estadística se mantiene con las pequeñas editoriales, que son aquellas que sacan hasta 20 títulos (OIC).  Todos ellos son los generadores de historias, personajes y mundos que de otra forma serían humo.

Andy Beláustegui y yo trabajamos juntos en el Centro Metropolitano de Diseño, en Barracas. Él es el coordinador de Opción Libros, el área dedicada a profesionalizar a las pequeñas y medianas editoriales para que puedan ser más competitivas. Puede haber sido obvio, pero nunca imaginé que él vive la experiencia en carne propia: es dueño de Sigilo, una editorial que cada vez hace más eco en el mundo literario.

Creadores de la editorial Sigilo

Los tres creadores de Sigilo. Les presento a Andy, el de la izquierda.

¿Cómo arrancaste y por qué decidiste abrir una editorial independiente?

Yo estudiaba Letras y entré en una crisis vocacional, porque esa carrera en la Universidad de Buenos Aires (UBA) es muy teórica. Yo sabía que quería trabajar en una editorial pero no sabía bien qué era, entonces me pasé un cuatrimestre a Edición y me cambió totalmente la cabeza. Dije: “Por acá va lo que me interesa a mí”, así que hice la carrera y empecé a trabajar en editoriales.

¿Qué ves en la carrera de Edición?

Está armada para que veas todo el abanico de actividades que se hacen en una editorial, entonces tenés desde materias como corrección de estilo y edición de textos, hasta otras sobre la producción industrial. Tenés marketing editorial…

¿No es una carrera medio muerta? Digo, por el tema de lo digital…

No, tenés dos materias sobre lo digital, y en realidad todas tocan el tema. Ves otros temas también como derechos de autor, administración editorial; en definitiva, todas las tareas que se hacen en una editorial.

Todo eso me cambió la cabeza hacia algo mucho más práctico y más concreto, que era claramente lo que a mí me interesaba. Empecé a trabajar en editoriales, pasé por diferentes puestos y con una compañera y un amigo, que también trabajaba en otra editorial, veníamos diciendo “tenemos que abrir una (editorial), tenemos que hacerlo”, hasta que en un momento, cuando ya teníamos unos ahorros, decidimos empezar.

¿Lo pensaron desde que los apasionaba hacerlo o buscando algún rédito económico? Porque me imagino que debe ser un reto muy grande…

A ver, sí. Empezamos porque es lo que nos apasiona y es lo que nos interesa hacer. Igual, siempre lo pensamos desde un punto de vista profesional y para que en algún momento la editorial pueda, primero, bancar nuestro trabajo y darnos un sueldo —porque hoy todavía no lo hace—, y que en algún momento, sea más redituable.

¿Cuándo arrancaron?

El primer libro lo publicamos en septiembre del 2014, y un año antes de eso, o sea septiembre del 2013, empezamos a armarla y después publicamos. Nació llamándose Páprika, pero fue todo un tema, porque nos colgamos en el momento de hacer el registro de la marca. Y cuando fuimos a hacerlo, ya había otra que se llamaba así, entonces lo cambiamos a “Sigilo”. Ahora nos llamamos Sigilo.

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¿Qué es una editorial independiente?

El concepto no es muy claro porque reúne a muchísimas editoriales completamente diferentes. Incluye a microeditoriales, que son de una sola persona que publica uno o dos libros por año —algunas incluso menos, un libro cada tanto— hasta editoriales medianas que publican treinta, cuarenta libros por año. En todo ese abanico, entra una editorial independiente, que no está tan claro qué es.

Y al ser independiente, ¿tercerizan mucho?

No, las grandes tercerizan un montón de tareas. Una editorial independiente terceriza menos porque los propios dueños, como ocurre en nuestro caso, hacen muchas de las tareas que hay que hacer. Nosotros corregimos los libros, no contratamos un corrector, los diagramamos, o sea que tampoco contratamos a un diagramador. Solo trabajamos con un diseñador para las tapas. El resto lo hacemos nosotros.

Lo que hace valiosas a las editoriales independientes, es la visión particular de sus editores—hasta caprichosa en algunos casos—, de lo que deciden publicar.

¿Y cuál es la tirada de lo que publican?

Hicimos desde mil a tres mil.

¿Y dónde las venden? ¿Online?

Tenemos una página web de ventas pero vende muy, muy poquito. Está más para que la gente tenga la posibilidad de comprar por ahí. Después se venden en ferias y nosotros contamos con un distribuidor que nos lleva a librerías.

El backstage.

¿Cuántas editoriales independientes hay hoy en la Ciudad de Buenos Aires?

No se sabe bien, pero por la experiencia de publicar el catálogo de editoriales independientes y por datos de las cámaras de libros, se calcula que hay unas trescientas.

El Catálogo de Editoriales Independientes de la Ciudad de Buenos Aires.

El Catálogo de Editoriales Independientes de la Ciudad de Buenos Aires.

¿Qué es lo más valioso para vos de una editorial independiente? ¿Por qué está bueno que existan?

Lo que lo hace valiosa es la visión particular de sus editores, hasta caprichosa en algunos casos, de lo que deciden publicar. Muchas editoriales independientes se piensan como negocio, otras no, pero incluso en las que se piensan así, el negocio está en un segundo plano. En un principio piensa qué vale la pena publicar, y después ve cómo puede hacerlo rentable. No va al revés.

Además, hay editoriales de temáticas muy diferentes. Incluso dentro de lo literario, que es lo que publicamos nosotros, hay miradas particulares, entonces se van creando perfiles diferentes. ¿Y cuál es el valor? Que hay espacios para una multiplicidad de miradas diferentes, para una variedad enorme de estéticas, de propuestas, de autores. En la Argentina pasa algo muy raro: hay muchísima gente que escribe. Muchísima gente. No toda logra publicar. Pero a diferencia de otros países, hay muchos espacios donde pueden hacerlo, porque hay una variedad enorme de editoriales pequeñas. El tema es que publican quizás pocos títulos al año.

Mucha gente tampoco sabe que existen, ¿no? O muchos quieren escribir pero no saben qué escribe el resto.

Y, eso pasa mucho, autores que llegan a una editorial con propuestas de publicación sin saber ni siquiera qué es lo que publica. Eso es prácticamente un rechazo automático, porque ni se tomó la tarea de buscar una editorial afín a su proyecto. Igual eso tampoco garantiza nada. Hablaba con un editor —y me lo confirmaron varios— que ellos leen casi cincuenta títulos al año para publicar terminar publicando solo dos. Es ese el tamaño de lo que llega en comparación a lo que logra publicarse.

¿A ustedes les llegan muchos títulos? ¿Leen todos?

No, nosotros en general no recibimos libros de presentación espontánea porque de ser así, recibiríamos seis o siete por semana. Y así con el resto de las editoriales; sería imposible leer eso. Nosotros publicamos hasta ahora tres libros por año. La idea es publicar un poco más, como seis por año, de los cuales muchos son traducciones y otros latinoamericanos. Para que te des una idea, tenemos dos espacios para títulos argentinos por año, y uno de ellos sería para un autor desconocido.

En la Argentina pasa algo muy raro: hay mucha gente que escribe (…) pero menos que lee.

¿Y cómo hacen?

Y, por contactos, recomendaciones o buscando en lecturas o talleres. Depende de cada editorial si buscan más a quién publicar o no.

¿Y a qué escritor emergente recomendás?

Voy a tratar de no ser del todo autorreferencial, pero voy a empezar con dos autores de la editorial que a mí me gustaron particularmente. Uno es Martín Felipe Castagnet, que tiene una novela publicada en la editorial Factotum, que se llama “Los cuerpos del verano“, y nosotros vamos a sacar su segundo libro, que se llama “Los mantras modernos”. Como autor me gusta y me parece que es de lo más interesante de los últimos años. Y otro escritor, ya más consolidado, es otro que publicamos que firma con el pseudónimo J.P. Zooey, que tiene hasta ahora tres libros. Nosotros publicamos su tercer libro (“Te quiero”), y ahora vamos a publicar en una edición argentina su segundo libro que se había publicado en España, que se llama “Los electrocutados“.

Libros de la editorial intervenidos por ilustradores.

Libros de la editorial intervenidos por ilustradores. “Te quiero”.

¿Qué le recomendás a un escritor emergente si quiere darle visibilidad a su trabajo?

Hay diferentes instancias: a un escritor que todavía no publicó, le recomiendo que vaya a lecturas, a talleres, que participe de grupos de escritores, que se haga leer y que lea. Que vaya buscando grupos afines donde pueda ir armando espacios de visibilidad, porque a la larga eso le va a ir dando circuitos. Que vaya a una editorial, y que también se presente a premios, porque existen de todas las categorías y tamaños. En algún momento, comentaba un escritor que él había llegado a ganar 100 premios antes de ser publicado. O sea, tampoco el premio te garantiza la publicación, porque hay algunos muy chiquititos, pero son espacios de visibilidad y de tránsito. Y recomiendo también que siga escribiendo y leyendo. El problema en realidad es que te lean. Hay mucha gente que escribe y menos gente que lee, creo yo. Entonces el trabajo es recíproco de buscar pares a los que lees y que también te lean. Y que te vayan dando devoluciones.

¿Cuál es tu autor preferido?

A mí me gusta mucho, aunque hoy parece un lugar común porque llegó a tener su momento de una circulación más grande, Roberto Bolaño, un escritor chileno que murió en el 2003 y después se volvió muy conocido. Yo venía leyéndolo desde antes, y sacaba uno o dos libros por año; es un escritor que no solo me gusta, sino que lo siento muy cercano en muchos planteos.


Conocé otras editoriales independientes argentinas, leyendo esta nota de La Nación o directamente viendo el Catálogo de Editoriales Independientes 2016, que este año va a lanzar su versión digital.

Todas las fotos de Sigilo fueron tomadas de su Facebook.


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