Surtido europeo

1) VIENA, AUSTRIA. 

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Cloé

La verdad es que la jugó con desventaja… ¿Cómo intentar competir contra Budapest, una ciudad a la que además le dedicamos casi una semana?

Viena es una ciudad muy linda y prolija. Alardea con esos aires grandilocuentes que denotan lo que alguna vez fue: la capital del Imperio austrohúngaro. Pero me quedo ahí. No me desafió ni sorprendió. Viena fue como un colchón ideal entre dos grandes destinos: Budapest y Roma. Igual creo que exagero, porque Viena no deja de ser Viena. Pero supongo que a lo que me refiero en términos generales es que es el destino ideal para ir con tus viejos. Creo que, igualmente, tampoco le di la posibilidad de descubrirla. Lo que más me gustó fue ir al museo del Belvedere para ver uno de mis cuadros favoritos, El Beso de Gustav Klimt. Me encanta la vulnerabilidad, la entrega, y la intimidad del momento que se reflejan en la obra. Él la agarra como si ella fuese lo más delicado del mundo. Él es el mismísmo Klimt.

Sharon

Acá me divierto intentando encontrar una palabra en alemán que pueda pronunciar. Hasta ahora: nada. “Strassenreiningung”, “durschschnittlich”, “Windmühlgasse”, “Wienerstadtische”. Sigo intentando.

2) ROMA, ITALIA. 

roma

Sharon

Roma fue rara porque fue el destino final de un viaje largo del cual arrastrábamos mucho cansancio. Tengo pocas impresiones pero todas puntuales, fuertes y muy personales.

El tamaño monstruoso de la pizza. El calor, aunque era mayo. La fila de veinte italianos que había para pedirse un gelato una noche de fin de semana en una heladería bien local, y la conversación que teníamos mientras esperábamos. (Mis ganas de que la fila no terminara, para seguir charlando.) La melodía de la guitarra y la voz pura y desgarradora de Luli cantando “Voce” de Jeites en la oscuridad del cuarto. Caminatas sin brújula por un parque enorme y la vista nocturna de la ciudad desde un lugar privilegiado. Roma fue, más que nada, un volver a lo importante, a lo simple, al corazón, bien adentro.

(También me aturdió demasiado toda la mercancía religiosa que se movía alrededor del Vaticano, pero eso ya es material para otra conversación.)

3) BUDAPEST, HUNGRÍA.

buda

Cloé

Agujeros en las paredes que quedaron imborrables de aquella vez cuando el pueblo húngaro se revolucionó. Un barrio judío al que le despojaron de su gente y que quedó así, esperando. Un país pesimista, una ciudad partida en dos. Pero más allá de todo eso que quiere mantener a este lugar agachado y callado, Budapest no deja de encandilar a quien la visite. Tiene un parlamento que se parece al Duomo de Milán. Tiene un parque que es una isla, para intentar apaciguar un poco más al ruido de la ciudad. Tiene bares reciclados, que se construyeron de las ruinas de otros edificios. Hasta tiene los restos de un futbolista enterrado en la basílica más importante de la ciudad. Creo que los confundí más, porque nada de lo que dije tiene mucha relación entre sí, pero es que Budpest es así, loca. La coherencia salió corriendo y me dejó en banda mientras escribía esto. Será porque esta ciudad me dejó perpleja.

4) ÁMSTERDAM, HOLANDA.

ams

Sharon

La primera impresión que tuve de la ciudad la tuve desde arriba. Llegamos a la ciudad días después de los festejos del King’s Day así que pudimos aprovechar la feria que se montó en Dam Square (la plaza principal de Ámsterdam) y sin toda la muchedumbre. Eso solo podía significar una cosa: subirse a las sillas voladoras y temer por nuestra vida (pero teniendo siempre una vista fantástica).

amsterdam

La segunda impresión que tuve de la ciudad la tuve en movimiento. Hay tantas bicicletas yendo de un lado para otro que escuchar los timbrazos de las bicis – en teoría suaves y dulces, pero en la práctica, atemorizantes – me asustaron más que las bocinas de los autos en Buenos Aires. Estoy convencida de que ahí deben de haber más accidentes que en Argentina. De vehículos distintos, pero igual.

5) CERVIÀ DE TER, ESPAÑA.

Sharon

Hay un pueblo medieval a treinta kilómetros de Girona donde viven aproximadamente ochocientas personas. Hay dos almacenes, algunas peluquerías, dos iglesias, una escuela y un cementerio. Se llama Cervià de Ter y es allí donde están enterrados mi abuelo paterno y mi tío.

Fui sin saber que iba a hallar algunas historias familiares del pasado y por eso y más, me encantó. Me encantó ver otro lado de este continente que habito hace meses, el de los espacios más chiquitos y menos ostentosos, alejados de las capitales. Me encantó encontrarme con un lado de la familia que no veía hace tiempo. Me encantó ir a comprar el pan una mañana y que la vendedora supiera quién era yo, aunque nunca nos habíamos visto antes. Me encantó adentrarme más en España, ver todas las banderas de Catalunya colgando desde las ventanas, y entender un poco más los escondrijos de este país. Me encantó ver cómo personas vivían en edificios construidos hace más de mil años como si fuera lo más normal del mundo.

6) ATENAS – SANTORINI – IOS, GRECIA.

grecia
Cloé

Hace tiempo quería ir a Grecia. Percibía que había algo de su gente, su cultura, que haría que me guste mucho. Y así lo fue. Para empezar, fue el único país donde la mayoría de la gente quería que la Argentina ganara el Mundial (al fin alguien sensato). Además, todo esa fama alrededor del yogur griego es totalmente cierta (morí con cada lugar de yogur helado que había en el camino). Pero creo que me gustó tanto porque volví a sentir la calidez en la gente, más allá de que el fantasma de la crisis económica siga presente.

Todos decían que Atenas no valía la pena, pero para mí no fue así. Más allá del Partenón (que como tantas cosas- entre ellas, la Fontana di Trevi en Roma- estaba en construcción), la zona que está al lado del acrópolis es muy linda para caminar, que incluye los barrios de Plaka, Thissio y Monastiraki. También es verdad que en un día entero, uno la recorre.

A Santorini la recorrimos en doce horas, así que apenas tuve una impresión breve de ella. Hicimos lo que todo buen turista haría: ver el atardecer en Oia (que sí, merece todo tipo de aplauso), ir a la playa en Kamari… Creo que igual, una imagen que me llevo de Santorini es la de la pareja de viejitos que manejaban nuestro hostel. Llegamos y ahí estaban los dos, chiquititos, sentados cada uno con lo suyo. Solo sabían decir “pay” o “book” (pagar o reservar) y sobrevivían gracias a que su hija tenía un hostel al lado. Me sentí una boluda de haberles mandado un mail el día anterior porque con suerte sabían que era wi-fi. Igual, espero que algún día nos perdonen… (Mersa, Vicky y Meli saben de qué hablo).

Finalmente, llegamos a Ios (Mykonos será para la próxima). Me encantó, ¡já! Nos quedamos en un hostel que tenía de todo como para que te quedaras ahí las 24 horas del día enfiestándote. Y es que literalmente, desde las cinco de la tarde ya estaban todos tomando y una hora más tarde, se armaba flor de fiestita. Además, finalmente había playa con arena (de nuevo, first world problems). Fue el mejor lugar para cerrar el viaje.

7) BARCELONA, ESPAÑA. Días antes de que termine todo.

bcn

Sharon

Estoy demasiado – DEMASIADO – contenta. Feliz.

Barcelona es la mejor ciudad para venirse solo. No puedo creer que estoy de vuelta y que, cosas de la vida, me vine sola de nuevo. Esta vez nadie sabe que estoy acá. Quiero jugarla callada y hacer lo que se me pinte, chocha de poder disfrutar de esta dulce casualidad y de estar conmigo misma días antes de que termine todo. Me mata como se dio solo, esto, que yo esté acá y ahora, pero es una forma increíble de terminar este ciclo, y no pude haberlo elegido mejor incluso si lo hubiera planeado.

Es impresionante, porque Barcelona es una fiesta por sí sola pero sumale el movimiento turistero, el florecimiento de eventos y el aire de verano y se va al carajo.

Un comentario en “Surtido europeo

  • Contestar Michi 04/08/2014 at 1:44 pm

    Sigan viajando viejo! Quiero leer mas jajaj

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