Venecia, mítica

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Venecia es mágica. Sé que sobreuso ese adjetivo, pero con Venecia es distinto, porque es objetivamente mágica. Su historia, su existencia, su estética, todo es fuera de lo común, todo está tocado por una varita mágica porque es impensable que en la tierra haya un lugar así.

Ya de por sí, es linda. Los canales, con su agua estática; sus callejones, con su poca lógica; sus puentes, distintos, sirvan como una continuación de la calle o como entrada a una casa; sus máscaras, símbolos de la picardía humana, del carnaval. Lo que hoy se conoce como Venecia no eran más que islas de barro que se hicieron habitables por la decisión de los romanos de colocar planchas y planchas de madera. Con el tiempo, la madera se envolvió en barro, se hizo tan resistente como si fuera piedra y sobre eso construyeron. Hay otros detalles técnicos que explican mejor el nacimiento de Venecia, seguramente más confiables que mis relatos, pero lo importante es esto: el surgimiento de esta ciudad no fue azaroso, ni convencional, ni fue fácil. Lo más triste, o lo más bello, es que porque no nació naturalmente, tampoco durará.

Desde su nacimiento se consagró como protagonista de una tragedia, porque Venecia, irremediablemente, se va a hundir. El agua se traga cuatro milímetros de la ciudad por año. Los primeros pisos de muchos edificios ya no se usan porque el agua llega hasta la mitad de la puerta. Camino por Venecia y camino por el mismísimo paso del tiempo; piso tierra trágica. La siento como protagonista de un mito griego; condenada a la muerte, pero deslumbrante mientras dure el tiempo. Venecia lleva sobre sí la misma inevitabilidad del destino con la que cargaba Antígona.

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Venezialand. El lado que todos conocemos junto al moderno, graffiteado. Me gusta.
 

Hay libros que se leen y hay otros que se leen y te cambian la vida. Tenía trece cuando me sumí en la trilogía fantástica de Kai Meyer que estaba ubicada en esta ciudad, sin estar preparada para recibir tan fuerte y azaroso impacto. La Reina de la Laguna.

No recordaba el libro hasta llegar a Venecia. Primer paso y yo ya intentaba descifrar todo lo que me rodeaba. Era un intento de reconciliar la imagen de Venecia que había construido a partir del libro, que me había embelesado de chica, con lo que veía. La imagen de Venecia con la que viajé fue el escenario de esa historia que tanto imprimió en mí. No una ciudad romántica; para mí era misteriosa, histórica, revolucionaria.

Casi diez años pasaron desde que leí la novela, pero qué impresionante como uno puede volver a conectarse a los mismos lugares sensoriales que tenemos dentro. Casi no recuerdo la trama de la historia, pero sí las sensaciones, y fue con ellas con las que lidié todo mi rato allá. Fue fuerte.

Mientras la caminábamos, miraba algún rincón en donde Merle pudo haberse escondido. Reconocía el vidrio de Murano, la alquimia de los espejos de Arcimboldo. Ver los aljibes me recordó a Unke y a las sirenas. Fotografiaba a los leones alados, símbolos de Venecia, protagonista en la novela. Caminaba por la Piazza San Marco cuando la guía apuntó al campanario y se me estrujó el corazón, porque me acordé que ahí había sido el lugar donde habían encarcelado a Vermithrax. ¿Esto es real?

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El león alado, ubicuo en toda Venecia; las máscaras, una fiesta; y uno de los cientos de aljibes (hoy tapados) en la ciudad.
 

De día es una ciudad turística, poblada, masiva, una maqueta. De noche está vacía, excepto la Piazza San Marco, que aunque tenga gente, es transitable. Visitarla a oscuras fue crucial: reconcilié las dos Venecias de mi mente y descansé en paz, sentada sobre un banco, escuchando a alguien tocar música, mirando el movimiento del agua, disfrutando del viento.

Si fuera por mí, vaciaría a las islas de personas y me las recorrería sola. Intentaría visualizar cómo se vivía allí en un tiempo donde el turismo masivo no existía , ni las cámaras, ni los tours, ni las remeras con estampados de Leonardo Da Vinci, ni las máscaras de dos euros. Cuando no habían gondoleros con sus celulares ni mozos hablándote en tu idioma (sin importar cuál sea, porque saben hablar todos). Como no puedo, me contento con lo que tengo y la disfruto con toda su muchedumbre, disfrutando de sus detalles y escapándome un poco siempre que pueda.

Todas las fotos que tomé recortaron las multitudes. No son un fiel retrato de la Venecia de hoy, porque la ciudad ahora es de todos, y como es de todos, no es de nadie. Una ciudad sin dueño. Agradezco haber leído La Reina de la Laguna porque me dejó adueñarme de ella, le puedo dar un sentido, la puedo hacer mía, mágica. Siempre mágica.

 

2 thoughts on “Venecia, mítica

  • Reply michi 02/06/2014 at 2:24 pm

    jaja que flash La Reina de la Lagunaaaa jaja eras fan de Merle!!
    Creo q yo no llegue a terminarlo

  • Reply Relaciones globalizadas (1): quién es el Tano - PAC 27/06/2015 at 7:21 pm

    […] Italia? Muy cliché. Hasta que lo conocí, la magia de la Bella Italia no me había mistificado: las ciudades que conocía no me habían deslumbrado, su idioma me parecía muy difícil de entender y su gelato me había […]

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