El tiempo también pasa cuando es otoño en Siena

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Mi último otoño fue en junio del 2015, en Buenos Aires y yo estaba obsesionada con el paso del tiempo. Escribí:

No me gusta el frío pero este otoño me enternece. Las hojas de algunos árboles sangran en distintos tonos, pero hay otras de color del mango, verde y naranja. Mañana quizás sangrarán ellas también. ¿Cómo frenar el tiempo? Si agarro una, la meto en un frasco de vidrio y la alejo, ¿quedará roja o se pondrá vieja? ¿Quedará inmune al paso del tiempo, mi pequeña hoja color mango casi roja, casi madura, casi mujercita?

Lo que antes era un cambio de color en el verde de los árboles se había convertido en la manifestación evidente y terrible de que el tiempo pasaba y no lo podía frenar. Quería más que nada meter una hoja roja en un frasco de vidrio, cerrarle la tapa y prohibirle el paso del aire y hacer que se quedara roja para siempre. Pero frenar el tiempo es imposible y esa hoja roja, aunque aislada y encerrada, se pondría marrón en contra de mi voluntad y se rompería en pedacitos al tacto.

Ese otoño en Buenos Aires fue la espera de lo inevitable: mi mejor amigo iba a morir pero nadie sabía cuándo. Las hojas se ponían rojas, se despegaban de las ramas y saber que no se podía congelar el tiempo me desesperaba.

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Hemingway dijo alguna vez que con escribir una frase verdadera y después otra y después otra se podía escribir algo que valiera la pena. No sé todavía cómo hablar de lo importante de forma fiel, no estoy muy segura de que se pueda, pero intento. Una frase y después otra.

Tom fue mi mejor amigo durante siete años. Desde que lo conocí supe – y supo él también, esto no lo sé pero al mismo tiempo lo sé con tanta seguridad – que nos unía algo mucho más fuerte que cumplir años con cinco días de diferencia. Encontrarlo fue como encontrar un libro que no se puede dejar de leer: una fuente que no querés que se acabe nunca. Así, igual. Nos hicimos amigos al instante. Él, después de vivir casi toda su vida en Londres, tenía lo suficiente de extranjero como para poder ser amigo de alguien del sexo opuesto a los quince años, a diferencia de todo el resto de la población masculina del país. Yo – lectora voraz de literatura adolescente y soñadora permanente – fantaseaba con tener un amigo varón como lo tenían las chicas en las series yankis que me gustaban.

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Tenía ojos celestes transparentes y rulos, excepto después de la quimio, que le crecía más oscuro y diferente por un tiempo. Sus dientes eran grandes pero no tanto: la medida justa para hacer de su sonrisa una contagiosa. Tenía la mejor sonrisa. Los pelos de sus brazos eran claros y brillaban con el sol. Era de muñecas regordetas y dedos gráciles y durante los últimos meses se dejó una barba eterna y el pelo tan largo como para atarse en una colita. Una de las últimas veces que lo vi le dije que tenía los pies más lindos que había visto, a pesar de que estaban hinchados como los pies de mi abuela por la retención de líquidos: no tenían nada machucado, nada lastimado, sus uñas estaban limpias.

– Es que hace banda que no juego al fúbol – dijo.

Su cara y su cuerpo cambiaron mucho en los años en que lo conocí, por la leucemia y por los tratamientos y porque el tiempo también pasa y crecemos.

– ¡Boludo! – le dije una vez -. Se podría decir que ya sos una estrella de rock por todos tus cambios de looks.

Murió en agosto de ese año y no hay día en el que no piense en él. Quiero escribir libros en los cuales él es protagonista y dedicarle el resto, pero todavía tiene que pasar más tiempo.

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En Siena es otoño. Lo sé porque llegué hace algunas semanas a la ciudad que será mi nuevo hogar por un tiempo. No salgo sin la campera y la bufanda, y siempre hay amenaza de algún tipo de lluvia, aunque por suerte se puede andar sin paraguas. Acá no hay hojas rojas: caen cuando están amarillas. Estoy entusiasmada: de moverme a un nuevo lugar, de sentir que todo puede pasar, de reinventarme de nuevo y descubrir siempre más.

Se viene el invierno y el otoño está preparándome para mi primera época fría en un país que no es el mío. Siempre escapé el invierno: conozco Europa solo vestida de primavera y transpirada en verano, pero quiero quedarme y ver qué pasa. Esto de empezar de nuevo y de seguir explorando me llena de vida.

Viajé en tren una mañana y entre sueño y vigilia vi del otro lado de la ventana a tres bambis saltando, uno atrás del otro, con tal gracia que parecían livianos. Todavía no sé si lo fabricó mi mente. Fue la primera vez que vi ciervos. Estaban ahí, correteando cerca de las vías. A la vuelta un chico que se sentaba solo sacó la guitarra de la funda y tocó una canción en voz baja, pero yo estaba cerca y pude escuchar.

Entre tantas hojas en el piso, un domingo encontré una amarilla de bordes ondulados que me gustaba. Me la guardé en el bolsillo y después me olvidé. Hoy saqué de la campera una cosa frágil y rotosa con forma indeterminada y de color marrón claro.

El tiempo pasa y a veces – a veces – eso no me da tanto miedo.

10 comentarios en “El tiempo también pasa cuando es otoño en Siena

  • Contestar Ale 29/11/2016 at 7:00 pm

    Shari, me encanto lo que escribiste , y me emocionó. Tuve una imagen re linda del otoño y sus colores en Siena , cargada con un toque de melancolía.

    • Contestar Sharon Borgstrom 03/12/2016 at 11:02 am

      Gracias Ale! 🙂

  • Contestar Tu hermana 30/11/2016 at 7:16 pm

    Te quiero muchisimo

    • Contestar Sharon Borgstrom 03/12/2016 at 11:01 am

      🙂

  • Contestar Gaby 01/12/2016 at 5:50 pm

    Shari, en mi experiencia y humilde opinión, creo que sólo vas a poder hacer el duelo -de personas, situaciones y vivencias- cuando te animes a ponerlas en palabras. A veces escribir sobre algo que duele es justamente una forma (segun yo, la mejor) de arrancar esa tristeza.
    No pierdas nunca esa pureza que transmitís con tus palabras.

    Tu silenciosa pero fiel lectora.

    • Contestar Sharon Borgstrom 03/12/2016 at 11:04 am

      Hola Gabs! Yo también pienso que escribir es una de las mejores maneras para transitar cualquier emoción, y es en realidad la única forma que conozco. El tema es la diferencia entre escribir para mí y escribir para otro… Algo más armado, con más coherencia. Gracias por el comentario 🙂 Te quiero.

  • Contestar Tu fan 👖 01/12/2016 at 7:33 pm

    Estaba manejando y no podia parar de leer ! Tremendas palabras shapita

    • Contestar Sharon Borgstrom 03/12/2016 at 11:05 am

      Jajajaja qué hacés manejando mientras lees?! Siempre un peligro, Mili!

  • Contestar Belu 01/12/2016 at 7:37 pm

    Sos espectacular igual que tus palabras Sharon!!!
    Te mando un fuerte abrazo desde el sur del mundo.

    • Contestar Sharon Borgstrom 04/12/2016 at 11:19 am

      Gracias Belu! Qué sorpresa encontrarte por acá!

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