Rupi Kaur, la valiente

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Ante todo, gigantes.

Valiente no es quien dice no tener miedo, o quien se creé blindado. Al contrario. 

Valiente es quien asume su vulnerabilidad y la ve como una fortaleza.

Valiente es quien se siente entero, más allá de todo lo que pretende escindirlo.

Rupi Kaur es una mujer valiente.

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Cruda honestidad.

Es difícil. Abrirnos, digo. Plasmar, publicar, ilustrar lo que nos golpea, lo que nos hace amar y odiar, lo que no elegimos y padecemos. Rupi lleva cada uno de los temas que toca a un lugar más profundo, espeso, y los hace latir. Un puente entre dos puntos, dos tiempos, que divide nuestra identidad. Amores que son un fuego y que después se convierten en un carámbano que nos apuñala. Un tacto, tu tacto, que hace que me pierda, me olvide de quién soy. La falta de amor, propio.

Ella es un péndulo, un huracán que sacude todos los temas, los licúa, los machaca, pero termina expresándolos de la manera más dulce y hermosa. En definitiva, los sentimientos son así: no vienen por separado, sino que nos rebalsan inesperada e intensamente. Hasta dejarnos sin aliento.

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Universos.

Sus versos están escritos para que nos atraviesen directamente; ella se desnuda en cada una de las palabras que elige y recita. A diferencia de muchos que publican y se mantienen a oscuras después, Rupi hace poesía en vivo e incluso sube videos en YouTube (uno es especialmente fuerte, porque habla de la enfermedad que padeció su papá). Escupe cada palabra como si estuviese haciendo percusión. Mueve su cuerpo, sus manos, y la expresividad, la emoción se deslizan de sí y superan la pantalla: imposible quedarse inerte.

A los tres años viajó junto a su familia desde Hoshiarpur, India, hacia Canadá. Ella es una religión lejana (practica el sijismo), una migración que no cicatriza. Y esa complejidad que la compone se evidencia en cada suspiro de su arte: su libro, Milk and honey (“Leche y miel”), se titula así ya que alguna vez escribió un poema sobre el genocidio que sufrieron los sijes en 1984, y describió a las viudas de tal atrocidad suaves como la leche y la miel. Además, ambos se usan mucho para sanar en la homeopatía y la medicina Ayurveda, muy característicos de su comunidad.

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Cómo tratarte, mujer.

Rupi, la polémica 

Sin escrúpulos.

Sin escrúpulos.

¿Ya vieron la foto? ¿Qué les provoca?

Rupi la subió a su cuenta de Instagram y esta red social se la sacó, alegando que no cumplía con sus parámetros de comunidad. Ella la volvió a subir, y en el pie de foto criticó el hecho de que la sociedad prefiere cosificar a la mujer, degradarla, en lugar de bancarse una foto así, real.

Una parte de su respuesta fue la siguiente:

Sangro cada mes para ayudar a que la humanidad sea una posibilidad. Mi vientre es el hogar de lo divino. Una fuente de vida para nuestra especie, incluso si lo elijo para crear o no. Pero muy pocas veces se ve de esa manera. En las antiguas civilizaciones, esta sangre era considerada sagrada. En algunas todavía lo es. Pero la mayoría de las comunidades rechazan este proceso natural. Algunos están más cómodos con la pornificación de las mujeres. La sexualización de las mujeres. La violencia y la degradación de la mujer. Ellos no se molestan en expresar su disgusto sobre todo aquello. Pero se enfurecen y molestan por esto. Nosotras menstruamos y lo ven como algo sucio. Enfermo. Una carga. Como si este proceso fuese menos natural que respirar. Como si este proceso no fuese amor. La mano de obra. Vida. Desinteresado y extraordinariamente bello.

Este post pertenece a la categoría Héroes y heroínas, donde le dedicamos amor y admiración a nuestras personas favoritas. Rupi Kaur es poeta y fotógrafa, y hace poco ella publicó su primer libro: “Leche y miel”. Además, ilustra cada uno de sus poemas. Su libro está dividido en cuatro secciones: the hurting, the loving, the breaking, the healing (en castellano, vendría a ser algo así: el dolor, el amor, el corte, la cura). Yo la admiro porque cada poema me hace temblar, al menos un poquito. Siempre hay algún verso que me acusa o que se convierte en mi cómplice, y me dice: “A vos te hablo nena“. Entonces, no me queda otra que entregarme a la conversación.  

 


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